La pitiriasis rosada es una afección cutánea benigna y autolimitada que se caracteriza por un patrón de erupción distintivo. Por lo general, comienza con una lesión solitaria (conocida como «parche madre») seguida de una erupción generalizada de parches rosados ovalados y escamosos en el tronco y las extremidades. La enfermedad afecta con mayor frecuencia a personas de entre 10 y 35 años y se resuelve espontáneamente en varias semanas o meses.
Aunque su aspecto puede ser alarmante, la pitiriasis rosada no es contagiosa, suele causar síntomas leves o ningún síntoma y, en la mayoría de los casos, no requiere tratamiento. Sin embargo, en casos raros o atípicos, puede ser necesario realizar más pruebas para descartar otras afecciones.
La causa exacta de la pitiriasis rosada sigue siendo incierta. No se considera una afección alérgica, bacteriana ni fúngica. Las teorías actuales sugieren una etiología viral, siendo los herpesvirus humanos tipos 6 y 7 (HHV-6, HHV-7) los más implicados, aunque no se ha establecido una relación definitiva.
A diferencia de la tiña o el eccema, se cree que la pitiriasis rosada refleja una reacción inmunitaria autolimitada posiblemente desencadenada por una infección viral transitoria.
El primer signo clínico suele ser una mancha heráldica, una lesión única, redonda u ovalada, de color rosa a salmón, con un borde escamoso fino y una zona central arrugada o con descamación amarillenta. Esta lesión suele aparecer en el tronco y mide entre 2 y 10 cm de diámetro.
Entre unos días y dos semanas después de la aparición de la mancha heráldica, surgen múltiples lesiones más pequeñas:
Se ha descrito prurito (picazón) en aproximadamente el 50 % de los casos, que varía de leve a moderado. En algunos casos, especialmente con calor, sudoración o fricción, la picazón puede ser más molesta y afectar a las actividades diarias.
La afección suele resolverse espontáneamente en un plazo de 6 a 12 semanas, sin dejar cicatrices. En ocasiones, puede persistir hasta 3-4 meses. En casos raros, la mancha precursora puede estar ausente o ser múltiple, o la erupción puede aparecer en una forma atípica (por ejemplo, vesicular, purpúrica, inversa). Estas variaciones pueden requerir pruebas diagnósticas adicionales.
El diagnóstico de la pitiriasis rosada suele ser clínico, basado en el aspecto de la erupción y su evolución. En los casos típicos, el diagnóstico es sencillo, especialmente después de la aparición de la erupción secundaria.
Hay varias afecciones que pueden parecerse a la pitiriasis rosada y deben descartarse:
En la mayoría de los casos, no se requiere ningún tratamiento específico. La pitiriasis rosada es autolimitada y se resuelve en un plazo de 6 a 12 semanas sin dejar cicatrices residuales. Sin embargo, puede ser necesario un tratamiento en casos de prurito significativo o preocupación estética.
El autocuidado desempeña un papel fundamental para minimizar las molestias y evitar el agravamiento de la erupción:
El pronóstico de la pitiriasis rosada es excelente.
La gran mayoría de los pacientes experimentan una resolución espontánea en un plazo de 6 a 12 semanas. En raras ocasiones, la erupción puede persistir durante más tiempo, y las recaídas son poco frecuentes, aunque posibles.
La hiperpigmentación o hipopigmentación posinflamatoria puede permanecer temporalmente, especialmente en personas con tonos de piel más oscuros. Estos cambios suelen desaparecer con el tiempo sin necesidad de tratamiento.
La pitiriasis rosada es una afección dermatológica autolimitada con una progresión característica y un pronóstico excelente. Aunque su causa exacta sigue sin estar clara, su evolución clínica es predecible y benigna. La mayoría de los pacientes no requieren intervención médica, pero el tratamiento sintomático y el apoyo psicológico pueden mejorar significativamente el bienestar y la calidad de vida durante la fase activa.
Se debe informar a los pacientes sobre la historia natural de la enfermedad y aconsejarles que acudan a un dermatólogo si la erupción persiste más de 12 semanas o evoluciona hacia un patrón atípico.