En un diálogo reciente, Jennelle Daly, MPAS, PA-C, compartió ideas sobre la creciente sinergia entre la dermatología estética y el bienestar integral, abogando por un enfoque de “adentro hacia afuera” para la salud de la piel.
Daly ha observado un aumento significativo en el interés entre los profesionales estéticos por incorporar evaluaciones de laboratorio y valoraciones sistémicas en sus rutinas cosméticas. Este cambio significa un movimiento más amplio hacia un modelo holístico y orientado a la funcionalidad en el cuidado del paciente.
Sin embargo, enfatiza que esta tendencia en evolución requiere una formación clínica rigurosa, protocolos estandarizados y supervisión basada en evidencia para garantizar la seguridad del paciente y resultados efectivos. Daly presenta la piel como un indicador visible de la salud interna, indicando que factores como la inflamación crónica, los desequilibrios hormonales, la disfunción metabólica y la salud intestinal pueden desempeñar un papel crucial en condiciones de la piel como acné, dyschromia y fotoenvejecimiento prematuro.
Ha observado que los pacientes que continúan experimentando problemas cutáneos a pesar de someterse a múltiples tratamientos externos—como peelings químicos en serie—frecuentemente muestran mejoría cuando se abordan los factores sistémicos subyacentes. En su práctica, las evaluaciones de laboratorio pueden incluir valoraciones de hormonas sexuales, marcadores metabólicos, indicadores inflamatorios y estado nutricional, todos los cuales pueden guiar planes de cuidado personalizados que integren tanto terapias procedimentales como tópicas.
Daly también iluminó la utilización de tecnologías de imágenes avanzadas, como sistemas de análisis de piel en 3D, que sirven para mejorar la educación del paciente y proporcionar un seguimiento objetivo de la salud de la piel. Estas plataformas innovadoras pueden visualizar daños UV subsuperficiales, alteraciones vasculares, patrones de pigmentación, características de los poros y actividad de porfirinas, permitiendo a los proveedores de salud cuantificar cambios a lo largo del tiempo y adaptar estrategias de tratamiento basadas en resultados medibles.
Además, destacó que presentar a los pacientes datos como su “edad de piel” en comparación con su edad cronológica puede fomentar la adherencia al tratamiento mientras ofrece un marco estructurado para monitorear las respuestas a la terapia.
Daly también discutió el creciente interés en terapias basadas en péptidos y estrategias regenerativas multimodales como opciones complementarias a los tratamientos estéticos tradicionales. Estos métodos innovadores están ganando tracción como adjuntos que pueden mejorar la salud general de la piel.
Subrayó el papel crítico de la orientación clínica al navegar por las tendencias de bienestar y cuidado de la piel que proliferan en las redes sociales. Daly aboga por evaluaciones supervisadas médicamente en lugar de experimentación autodirigida, asegurando que los pacientes reciban tratamientos seguros y efectivos.
En general, Daly imagina el futuro de la dermatología estética como cada vez más integrativo, basado en datos y preventivo. Al fusionar tratamientos externos con optimización interna y utilizar herramientas de diagnóstico objetivas, cree que los clínicos pueden abordar de manera más efectiva los impulsores multifacéticos del envejecimiento cutáneo y los problemas dermatológicos crónicos.
En sus comentarios finales, afirmó metafóricamente: “El futuro es una caja de chocolates”, enfatizando que tener un plan de atención integral completo equipado con los recursos y herramientas necesarios puede mejorar enormemente las opciones para los pacientes.