Verruga común (CIE-10: B07) ⚠️

Verruga común (Verruca Vulgaris): Neoplasia cutánea viral benigna

Descripción general

Las verrugas comunes, o verruca vulgaris, son crecimientos cutáneos benignos causados por la infección con el virus del papiloma humano (VPH), en particular con cepas de bajo riesgo. Estas verrugas aparecen como lesiones elevadas y de superficie rugosa que se desarrollan con mayor frecuencia en las manos y los dedos. Aunque no son cancerosas y generalmente son indoloras, su aspecto visible, su tendencia a propagarse y su resistencia al tratamiento, especialmente en adultos, las convierten en un problema dermatológico común.

Las verrugas virales son especialmente frecuentes entre los niños y adolescentes, y afectan a casi el 10 % de esta población.

Aunque es posible que desaparezcan espontáneamente (lo que ocurre en hasta el 40 % de los adolescentes), la probabilidad de que se resuelvan espontáneamente disminuye con la edad. Las verrugas suelen ser múltiples, pueden reaparecer y, con frecuencia, resultan resistentes al tratamiento conservador, especialmente en personas inmunodeprimidas.

Factores predisponentes y transmisión

Las verrugas están causadas por cepas específicas del VPH, que infectan la piel a través de microabrasiones o superficies epiteliales dañadas. Aunque el VPH está muy extendido, no todas las personas que entran en contacto con el virus desarrollan verrugas, lo que sugiere un papel importante de los factores inmunitarios del huésped.

Los factores de riesgo comunes para desarrollar verruga vulgar incluyen:

  • Inmunosupresión: la infección por VIH, el tratamiento contra el cáncer o los fármacos inmunosupresores pueden facilitar la aparición y persistencia de verrugas.
  • Trastornos metabólicos: diabetes mellitus, obesidad y desequilibrios hormonales.
  • Traumatismos cutáneos: la fricción crónica, el rascado o la rotura de la piel pueden facilitar la entrada del virus.
  • Mala higiene: aumenta la probabilidad de transmisión viral en espacios compartidos (por ejemplo, gimnasios, piscinas);
  • Embarazo: los cambios hormonales y los cambios inmunológicos pueden aumentar la susceptibilidad;
  • Estrés psicológico y fatiga: se sabe que comprometen la vigilancia inmunológica, lo que aumenta la actividad viral;
  • Enfermedades crónicas de la piel existentes: como el eccema o la psoriasis, que pueden crear puertas de entrada para el virus.

La transmisión del VPH se produce a través del contacto directo con la piel infectada o indirectamente a través de fómites (superficies contaminadas, objetos personales o herramientas). La autoinoculación también es posible cuando las personas tocan o se rascan una lesión y propagan el virus a la piel adyacente.

Diagnóstico de las verrugas comunes

El diagnóstico suele ser clínico y se basa en el aspecto característico de la lesión. En casos sencillos, no se requieren pruebas de laboratorio. Sin embargo, las herramientas de diagnóstico pueden ayudar en casos atípicos o persistentes, especialmente si se sospecha de malignidad.

Las técnicas de diagnóstico incluyen:

  • Examen visual: Identificación de características morfológicas clásicas, como superficie rugosa, textura papilar e interrupción de las líneas normales de la piel.
  • Dermatoscopia: Mejora la visualización de las características vasculares y estructurales internas clave de la verruga (véase más abajo).
  • Tipificación del ADN del VPH: Se realiza en casos seleccionados, especialmente para verrugas genitales o resistentes;
  • Biopsia: Indicada en lesiones que crecen rápidamente, tienen un aspecto atípico o no responden al tratamiento. La histopatología revela hiperqueratosis, papilomatosis y coilocitosis.

Presentación clínica y síntomas

Las verrugas comunes aparecen como pápulas pequeñas, del color de la piel o ligeramente grisáceas, con una superficie rugosa e irregular. Su estructura papilomatosa se asemeja a pequeños crecimientos similares a coliflores. Pueden ser solitarias o agrupadas y, en algunos casos, las lesiones se unen para formar conglomerados.

Las características clínicas clave incluyen:

  • Localización: Se encuentran predominantemente en las manos, los dedos y las zonas periungueales; ocasionalmente en la cara, las rodillas o el cuerpo.
  • Tamaño: Normalmente de 2 a 5 mm de diámetro y de 1 a 3 mm de altura; las lesiones más grandes o confluentes pueden superar 1 cm.
  • Textura de la superficie: Queratinizada, seca y rugosa al tacto, con pequeñas protuberancias.
  • Color: Por lo general, color carne o gris pálido; la acumulación de queratina puede dar un aspecto más oscuro.
  • Bordes: Claramente delimitados con una corola «en forma de acantilado» respecto a la piel sana adyacente.
  • Vello: Ausente en la superficie de la verruga, pero la piel circundante puede presentar folículos normales.
  • Síntomas: Normalmente asintomáticas, pero la presión puede causar hormigueo o molestias, especialmente en las verrugas palmares o plantares.

Descripción dermatoscópica

La dermatoscopia ofrece una visualización no invasiva de las características clave que ayudan a confirmar el diagnóstico de las verrugas virales. Los patrones dermatoscópicos característicos incluyen:

  • Aspecto de «huevos de rana»: papilas densamente agrupadas y queratinizadas con un punto rojo central (capilar alimentador).
  • Capilares trombosados: se observan como puntos negros o marrones dentro de la lesión, que representan vasos coagulados.
  • Corola pálida: un halo de queratina alrededor de la lesión que marca un límite claro con la piel sana;
  • Ausencia de red pigmentaria: diferencia las verrugas virales de los nevos pigmentados o los melanomas.

Estas características dermatoscópicas son cruciales para distinguir la verruga vulgar de otras lesiones cutáneas como las queratosis seborreicas, los nevos melanocíticos y las neoplasias malignas.

Diagnóstico diferencial

Aunque el diagnóstico de las verrugas comunes suele ser sencillo, hay otras afecciones dermatológicas que pueden presentar una morfología similar. Es importante realizar una diferenciación precisa, especialmente en el caso de lesiones persistentes o atípicas. El diagnóstico diferencial incluye:

  • Nevo papilomatoso: Normalmente más pigmentado, con presencia más prolongada y posible historia congénita;
  • Nevo sebáceo: Lesiones amarillentas en forma de placa que suelen aparecer en el cuero cabelludo o la cara desde la primera infancia.
  • Nevo halo: Lunar pigmentado rodeado por un halo despigmentado, sin queratinización.
  • Dermatofibroma: Nódulos firmes con un «signo del hoyuelo» al pellizcarlos.
  • Verruga plana (verruca plana): más suave, más pequeña y más frecuente en personas jóvenes, en la cara o las extremidades.
  • Verruga plantar: situada en la planta de los pies, a menudo dolorosa y incrustada en los pliegues de la piel.
  • Molusco contagioso: Lesiones en forma de cúpula con umbilicación central y núcleo blando y blanco.
  • Carcinoma basocelular (forma nodular): Nódulo nacarado, de crecimiento lento, que puede ulcerarse o sangrar.
  • Melanoma amelanótico: Lesión poco frecuente, de rápida evolución, que carece de pigmentación; se requiere biopsia para su confirmación.

Riesgos: importancia clínica de las verrugas

Desde el punto de vista oncológico, las verrugas comunes se consideran benignas y no suponen un riesgo significativo de malignidad. Sin embargo, se requiere vigilancia en las lesiones que presentan características sospechosas, tales como:

  • Crecimiento repentino y rápido;
  • Aumento de la firmeza o cambio en la consistencia;
  • Ulceración, sangrado o dolor espontáneo;
  • Cambios de color o bordes irregulares.

Además de la molestia estética, las verrugas pueden causar problemas funcionales y de higiene:

  • Traumatismos: Las verrugas en las manos son propensas a irritaciones y lesiones repetidas, lo que provoca sangrado y riesgo de infección secundaria;
  • Autoinoculación: Rascarse o dañar una verruga puede provocar múltiples lesiones nuevas en la piel adyacente.
  • Portador del VPH: Incluso los portadores asintomáticos pueden transmitir el VPH de bajo riesgo a otras personas o a otras partes de su cuerpo.
  • Tácticas: estrategia clínica y seguimiento

    En el caso de las verrugas que permanecen sin cambios y no causan síntomas ni traumatismos, puede ser suficiente una simple observación con autocontroles anuales. Sin embargo, se recomienda una evaluación dermatológica cuando:

    • Hay lesiones mecánicas, fricción con la ropa o las joyas;
    • La verruga cambia de aspecto o de sensación (por ejemplo, se vuelve dolorosa, sangra);
    • Hay un impacto estético o psicológico significativo;
    • El paciente pertenece a un grupo de alto riesgo (por ejemplo, inmunodeprimidos, neoplasias múltiples);
    • La verruga se encuentra en zonas de alta fricción o sensibles por motivos laborales.

    Durante el seguimiento, los dermatólogos suelen utilizar documentación fotográfica y elaborar un mapa de lesiones cutáneas para detectar cambios sutiles a lo largo del tiempo.

    Tratamiento de las verrugas comunes

    La extirpación está indicada cuando las verrugas son sintomáticas, crecen rápidamente, son molestas desde el punto de vista estético o corren el riesgo de sufrir traumatismos frecuentes. Los métodos mínimamente invasivos preferidos son los siguientes:

    • Ablación con láser: precisa y eficaz para zonas resistentes o estéticamente sensibles;
    • Crioterapia: aplicación de nitrógeno líquido para congelar la lesión; puede requerir varias sesiones;
    • Escisión por radiofrecuencia: destrucción controlada del tejido mediante energía de alta frecuencia;
    • Electrocoagulación: eliminación térmica mediante corriente eléctrica bajo anestesia local;
    • Escisión quirúrgica con histología: reservada para lesiones atípicas o cuando se sospecha malignidad.

    No se recomienda la autoextirpación debido al riesgo de sangrado, infección y propagación viral. Cualquier tratamiento debe ser realizado en condiciones estériles por profesionales cualificados.

    Prevención de las verrugas comunes

    Las estrategias preventivas se centran en reducir la exposición al VPH, reforzar la función inmunitaria y mantener la integridad de la piel. Las recomendaciones principales incluyen:

    • Mantener la higiene personal: Evitar compartir objetos personales, especialmente en entornos comunes como gimnasios o piscinas.
    • Fortalecer el sistema inmunitario: Una nutrición adecuada, la reducción del estrés y el control de las enfermedades crónicas ayudan a reducir el riesgo de reactivación del VPH.
    • Proteger la piel de traumatismos: usar guantes, evitar la exposición excesiva a los rayos UV y a la radiación ionizante, y minimizar la irritación crónica;
    • Limitar el contacto directo: evitar tocar verrugas conocidas (propias o ajenas) y lavarse las manos con frecuencia;
    • Revisiones cutáneas periódicas: Especialmente para personas con antecedentes de verrugas víricas u otras neoplasias cutáneas.
    • Vacunación contra el VPH: Aunque está diseñada para prevenir cepas oncogénicas, la vacuna puede ofrecer protección indirecta contra algunos tipos de VPH cutáneo.

    Con un diagnóstico precoz, un tratamiento adecuado y un autocuidado responsable, la mayoría de los casos de verrugas vulgares pueden controlarse eficazmente y minimizarse las posibilidades de recurrencia o complicaciones.