El queratoacantoma es una neoplasia cutánea de crecimiento rápido, no pigmentada y típicamente benigna que a menudo se asemeja al carcinoma espinocelular tanto en su aspecto clínico como histológico.
A pesar de sus características malignas, el queratoacantoma suele regredir espontáneamente a los pocos meses de su aparición. Este tumor suele aparecer en la edad adulta, predominantemente después de los 35-40 años, y es más frecuente en hombres que en mujeres.
Aunque no se ha identificado una causa definitiva para el queratoacantoma, se cree que hay varios factores que contribuyen a aumentar el riesgo de su desarrollo. Estos factores predisponentes incluyen:
El diagnóstico del queratoacantoma se basa en una evaluación clínica exhaustiva, que incluye la inspección física de la lesión y el examen dermatoscópico. Debido a su gran similitud con el carcinoma basocelular y, especialmente, con el carcinoma espinocelular, se suele realizar una biopsia para confirmar el diagnóstico y descartar la malignidad. El análisis histopatológico es esencial para distinguir el queratoacantoma de formas más agresivas de cáncer de piel.
El queratoacantoma suele aparecer como una lesión elevada en forma de cúpula con un cráter central o un núcleo lleno de queratina. La superficie periférica suele ser lisa y carece de las líneas normales de la piel. En algunos casos, el centro está ulcerado o cubierto de costras. El tumor puede crecer rápidamente durante las primeras semanas, alcanzando un tamaño de 10 a 20 mm, tras lo cual el crecimiento suele ralentizarse. Las lesiones de más de 20 mm pueden presentar sangrado o dolor con traumatismos leves.
Los bordes de la lesión suelen ser simétricos y regulares, aunque en algunos casos pueden presentar bordes difusos e indefinidos con eritema circundante. La zona central puede parecer grisácea debido a la queratinización, mientras que la periferia suele ser de color rosa, rojo o amarillento. No crece pelo en la superficie de la lesión.
A la palpación, la lesión se nota firme pero móvil en relación con los tejidos más profundos. En las lesiones más pequeñas, no suele haber síntomas subjetivos, pero los tumores más grandes pueden causar sensibilidad o molestias.
Los queratoacantomas se producen con mayor frecuencia en las zonas del cuerpo expuestas al sol. Las localizaciones más comunes son los antebrazos, las manos, la cara, el cuello, la espalda y la parte inferior de las piernas. Con menos frecuencia, las lesiones pueden aparecer en el pecho, el abdomen o los muslos.
El examen dermatoscópico del queratoacantoma puede revelar las siguientes características:
El queratoacantoma debe distinguirse de otras afecciones dermatológicas, algunas de las cuales son malignas. Entre ellas se incluyen:
Aunque el queratoacantoma es generalmente benigno y puede sufrir una regresión espontánea, sigue considerándose una afección precancerosa opcional.
El riesgo de transformación maligna en carcinoma de células escamosas es relativamente bajo, pero aumenta en presencia de factores de riesgo adicionales, como traumatismos crónicos, quemaduras o exposición a productos químicos.
Ante la sospecha o la confirmación de un queratoacantoma, se recomienda la derivación a un dermatólogo o oncólogo. Debido a su parecido clínico con los carcinomas invasivos, es esencial la confirmación histológica. Incluso con un diagnóstico benigno confirmado, se recomienda generalmente la extirpación quirúrgica debido al potencial de crecimiento, molestias, sangrado y transformación maligna.
Si se rechaza la cirugía, el paciente debe someterse a una observación dinámica activa, que incluye la documentación fotográfica de la lesión para controlar los cambios sutiles. La vigilancia es especialmente importante en los tumores que superan los 20 mm o que presentan nuevos síntomas.
Se recomienda realizar exámenes cutáneos rutinarios en primavera y otoño, especialmente en personas con antecedentes de cáncer de piel o queratoacantoma.
El mapeo completo de la piel ayuda a la vigilancia a largo plazo y permite la detección precoz de cambios sospechosos en la morfología de la piel.
El tratamiento de referencia es la extirpación quirúrgica con un margen de tejido sano, lo que garantiza la eliminación completa y minimiza el riesgo de recurrencia. La extirpación debe ser completa para capturar toda la lesión.
Se desaconsejan las técnicas de extirpación plana o superficial, ya que aumentan la probabilidad de recurrencia. Del mismo modo, no se recomiendan métodos como la ablación con láser o la criodestrucción para el queratoacantoma debido al escaso control histológico y a la mayor tasa de recidiva local.
Las estrategias preventivas tienen como objetivo reducir la probabilidad de desarrollar queratoacantoma y limitar las agresiones ambientales y físicas a la piel:
La identificación precoz y el tratamiento oportuno son fundamentales para minimizar las complicaciones y mejorar los resultados en los pacientes con queratoacantoma.