El nevo azul (también conocido como nevo azul de Jadassohn-Tièche, neurinoma azul o melanocitoma dérmico) es un tumor benigno de la piel que se caracteriza principalmente por su coloración azul o azul oscuro distintiva. Este tipo de nevo suele aparecer durante la pubertad, aunque puede manifestarse a cualquier edad, incluso al nacer.
Es poco frecuente que una persona presente múltiples nevos azules. Estadísticamente, los nevos azules tienden a aparecer con mayor frecuencia en mujeres que en hombres.
La causa exacta de los nevos azules sigue sin estar clara. Sin embargo, se han identificado varios factores que pueden predisponer a las personas a desarrollar estas neoplasias. Estos factores pueden influir en la probabilidad de su aparición o crecimiento:
El diagnóstico de los nevos azules suele consistir en un examen clínico, que incluye una inspección visual minuciosa de la formación cutánea, así como una dermatoscopia. Si existe preocupación por la posibilidad de una transformación maligna, se puede realizar una biopsia para un análisis más detallado.
A simple vista, un nevo azul se presenta como una pequeña mancha o un nódulo ligeramente elevado en la piel. Suele ser simétrico, con formas que van desde ovaladas o redondas hasta fusiformes. La textura de la superficie del nevo suele ser similar a la de la piel circundante, que puede ser lisa o incluso brillante, especialmente en los nevos más pequeños. En los nevos más grandes, de más de 10 mm de diámetro, la superficie puede parecer ligeramente más texturizada o tuberosa.
Los bordes del nevo azul son generalmente borrosos o mal definidos, aunque suelen ser lisos. En algunos casos, los nevos azules grandes pueden tener bordes irregulares o dentados, lo que podría ser un indicio de posible malignidad. El color del nevo varía de azul a azul oscuro, con tonos grisáceos o marrones ocasionalmente visibles, que reflejan la profundidad a la que se deposita el pigmento en la dermis.
La intensidad del color tiende a atenuarse desde el centro hacia la periferia y, en los nevos más grandes, puede presentarse heterogeneidad de color o manchas, lo que da lugar a un aspecto policromático.
Los nevos azules no suelen superar los 10 mm de tamaño y su crecimiento es normalmente lento. Los nevos de más de 1 cm son bastante raros y se denominan «nevos de células azules». A la palpación, estos nevos se sienten similares a la piel normal, pero pueden ser ligeramente más firmes, especialmente cuando sobresalen por encima de la superficie de la piel. No hay síntomas ni sensaciones subjetivas asociadas a estos nevos.
Estas neoplasias se encuentran con mayor frecuencia en el tronco, las extremidades o el cuello. Es bastante raro que aparezcan en la cabeza. En el caso de los nevos de células azules grandes, la región sacroglutea es la zona más típica de aparición.
En el examen dermatoscópico, se observan con frecuencia las siguientes características en un nevo azul:
En el caso de los nevos azules acrales (palmar y plantar), existen características dermatoscópicas adicionales:
Los nevos azules deben distinguirse de otras neoplasias pigmentadas, entre las que se incluyen:
En la mayoría de los casos, los nevos azules se consideran benignos y no suponen un riesgo inmediato. Sin embargo, en comparación con los nevos pigmentados comunes, los nevos azules conllevan un riesgo ligeramente mayor de transformarse en melanoma. El riesgo de melanoma en los nevos azules es inferior al 1 %, mientras que en los nevos pigmentados simples suele ser de alrededor del 3 %. Los signos que pueden indicar una posible malignidad incluyen cambios en el aspecto del nevo o la aparición de nuevas sensaciones, como picor o dolor.
Aunque el riesgo de melanoma es ligeramente elevado en los nevos azules, la presencia de este riesgo es generalmente más significativa en los nevos azules más grandes, en particular los que superan los 20 cm de diámetro. El riesgo de melanoma en los nevos azules de menos de 20 cm sigue siendo bajo, normalmente inferior al 1 %.
Los nevos azules congénitos múltiples o grandes también pueden estar asociados a determinadas afecciones genéticas o síndromes, por lo que es esencial que estas personas se sometan a una evaluación médica exhaustiva y continua.
En el caso de los nevos azules que no muestran signos de daño, cambios en su aspecto o nuevas sensaciones, suele ser suficiente con la autoevaluación. Esta debe incluir revisiones periódicas, al menos una vez al año, con la ayuda de otras personas para las zonas que sean difíciles de inspeccionar directamente. Si el nevo sufre daños mecánicos, una exposición excesiva a la radiación ultravioleta o ionizante, o cambios notables en su tamaño o sensación, es esencial acudir a un dermatólogo o oncólogo.
Un profesional sanitario evaluará si es necesario un seguimiento continuo o si el nevo debe extirparse quirúrgicamente. Se debe considerar la extirpación de los nevos que están sometidos a traumatismos físicos repetidos por la ropa, las joyas o las actividades laborales.
La documentación fotográfica del nevo puede proporcionar registros valiosos, lo que permite detectar incluso cambios menores a lo largo del tiempo. En el caso de las personas con múltiples nevos azules, se recomienda encarecidamente crear un mapa de sus neoplasias cutáneas, lo que simplificará las observaciones futuras y la identificación de cualquier formación nueva o alterada.
Los pacientes con nevos azules deben consultar a un dermatólogo u oncólogo al menos dos veces al año (normalmente antes y después de los meses de verano) para evaluar cualquier cambio en el aspecto de los nevos.
El mapeo regular de las neoplasias cutáneas puede ayudar a realizar un seguimiento de cualquier evolución o cambio en las lesiones existentes.
El tratamiento recomendado para los nevos azules es la extirpación quirúrgica, normalmente con bisturís clásicos, eléctricos o de radio. Tras la extirpación, es necesario realizar un examen histológico para confirmar la naturaleza benigna de la lesión.
No se recomiendan los tratamientos destructivos, como la eliminación con láser o la crioterapia, para los nevos azules debido a los posibles riesgos y complicaciones.
La prevención de la formación de nevos y su potencial de transformación maligna implica un cuidado cuidadoso y considerado de la piel:
Es fundamental someterse a exámenes periódicos de los nevos azules, consultar a un especialista si se produce algún cambio y eliminar lo antes posible las neoplasias potencialmente dañinas para mantener la salud de la piel y prevenir complicaciones.