El nevo halo (también conocido como nevus de Sutton) es una neoplasia cutánea benigna que suele aparecer como una mancha elevada rodeada por un borde de piel hipopigmentada, lo que crea un efecto «halo» característico. Lo más habitual es que los nevos halo se observen por primera vez en personas de entre 15 y 25 años, comenzando como una zona pigmentada en el centro rodeada por un anillo incoloro que se va expandiendo gradualmente. Con el tiempo, la parte pigmentada central del nevo puede sufrir una involución, ya sea desvaneciéndose hasta convertirse en hipopigmentación o desapareciendo por completo tras un periodo de 3 a 4 años, dejando solo el anillo hipopigmentado que lo rodea.
Aunque la causa exacta del nevo halo sigue sin estar clara, se cree que hay varios factores predisponentes que influyen en la probabilidad de su aparición. Estos factores pueden contribuir a un mayor riesgo de desarrollar nevos halo:
El diagnóstico del nevo halo se basa principalmente en un examen clínico exhaustivo. Esto incluye una evaluación visual de la lesión y una evaluación dermatoscópica para inspeccionar de cerca su estructura y características. Si existe preocupación por la posibilidad de una transformación maligna, puede ser necesaria una biopsia para confirmar la naturaleza benigna de la lesión y descartar otras afecciones.
Cuando se examina visualmente, un nevo halo se presenta como una formación hemisférica o ligeramente elevada, a menudo de forma simétrica (comúnmente ovalada o redonda). Alrededor de la zona pigmentada central, hay un anillo notable de piel hipopigmentada. Este anillo incoloro suele tener una forma ovalada o redonda regular y es simétrico en apariencia.
La superficie de la zona pigmentada central del nevo puede parecer ligeramente diferente de la de la piel circundante, con una textura más suave o una superficie finamente tuberosa. El patrón de la piel del anillo despigmentado permanece inalterado y sigue la textura natural de la piel.
Los bordes del nevo halo son generalmente claros y bien definidos. El área pigmentada central puede variar en color desde el color de la piel o el bronceado hasta el marrón oscuro, con pigmento distribuido uniformemente por toda la lesión. A veces, la intensidad del color disminuye gradualmente desde el centro hacia la periferia, o pueden aparecer varios tonos del mismo color dentro del área central.
El borde circundante suele ser incoloro, aunque en ocasiones puede ser de color marrón claro o rosa pálido, a veces con una ligera hiperemia. El color del anillo hipopigmentado se hace más notable y contrastado, especialmente después del bronceado.
El diámetro de la parte pigmentada central del nevo halo suele ser pequeño, sin superar los 10 mm. El diámetro total, incluido el anillo despigmentado circundante, puede alcanzar los 3-4 cm. Con el tiempo, el tamaño de la zona despigmentada puede cambiar, aumentando o disminuyendo. La altura de la parte elevada del nevo sobre la superficie de la piel no suele superar los 3-4 mm.
A la palpación, el nevo halo se siente como la piel normal o puede ser ligeramente más blando, especialmente en la zona pigmentada central. No hay sensaciones subjetivas asociadas a la lesión, aunque en raras ocasiones puede producirse un picor leve.
Los nevos halo se localizan con mayor frecuencia en el cuerpo, especialmente en el tronco, pero en ocasiones también pueden encontrarse en otras partes del cuerpo.
Durante la dermatoscopia de la zona pigmentada central del nevo halo, se pueden observar las siguientes características:
Al examinar dermatoscópicamente la zona despigmentada, suele aparecer como piel normal con pocas o ninguna estructura pigmentaria, aunque puede verse una sutil red vascular.
El nevo halo debe diferenciarse de otras lesiones y afecciones cutáneas, entre las que se incluyen:
Los nevos halo son generalmente seguros y no suponen un riesgo significativo de convertirse en melanoma. En ausencia de factores externos como traumatismos, radiación UV o radiación ionizante, el riesgo de malignidad es comparable al riesgo de cáncer de piel en piel sin alteraciones. Sin embargo, los signos de posible malignidad incluyen cambios en el aspecto del nevo, así como la aparición de nuevas sensaciones como picor, dolor o sensibilidad.
Aunque el riesgo de melanoma en los nevos halo es bajo, puede ser ligeramente superior en comparación con otros tipos de nevos benignos. Se deben vigilar cuidadosamente los cambios en el aspecto o el comportamiento del nevo, especialmente en personas con múltiples lunares.
En el caso de los nevos halo que no muestran signos de daño o cambios significativos en su aspecto, suele ser suficiente con la autoevaluación. Esto incluye revisiones periódicas, con la ayuda de otras personas para examinar las zonas de difícil acceso, al menos una vez al año. Si el nevo sufre daños mecánicos, se producen cambios en su aspecto o aparecen nuevas sensaciones como dolor o picor, se debe consultar inmediatamente a un dermatólogo o oncólogo.
El profesional sanitario evaluará si es necesario realizar un seguimiento dinámico más exhaustivo o si se debe extirpar el nevo. Los nevos que están sujetos a traumatismos crónicos por la ropa, las joyas o la profesión deben extirparse para evitar una mayor irritación o posibles complicaciones.
Para las personas sometidas a observación dinámica, se recomienda encarecidamente fotografiar el nevo, ya que esto ayudará a detectar incluso los cambios más pequeños en su aspecto a lo largo del tiempo. Los pacientes con múltiples nevos deben ser evaluados por un dermatólogo o un oncólogo en primavera y otoño (antes y después de la exposición al sol) para valorar cualquier cambio. Mantener un mapa de las neoplasias cutáneas puede ser una herramienta valiosa para controlar e identificar lesiones nuevas o alteradas.
El único tratamiento recomendado para el nevo halo es la extirpación quirúrgica, realizada con un bisturí clásico o un bisturí de radiofrecuencia. Es necesario realizar un examen histológico del tejido extirpado para garantizar que la lesión es benigna.
No se recomiendan métodos destructivos como la eliminación con láser o la criodestrucción para los nevos halo debido al riesgo de recidiva y de eliminación incompleta.
Para prevenir la aparición de nevos halo y minimizar su riesgo de malignidad, es necesario cuidar la piel con esmero:
Es fundamental inspeccionar regularmente los nevos halo, consultar inmediatamente a un profesional sanitario si se observa algún cambio y eliminar las lesiones potencialmente peligrosas cuando sea necesario.