El nevo de Spitz (también conocido como nevus epitelioide y de células fusiformes) es un tumor benigno que sobresale de la superficie de la piel.
Los nevos de Spitz, que suelen ser adquiridos, son más comunes en personas menores de 20 años, aunque alrededor del 10 % de los casos son congénitos. Estos nevos suelen aparecer en lesiones múltiples, y su frecuencia aumenta con la edad. Los nevos de Spitz son igualmente comunes en hombres y mujeres.
La causa exacta de los nevos de Spitz no se conoce del todo, pero hay varios factores predisponentes que pueden contribuir a la formación de estas lesiones cutáneas benignas. Estos factores pueden aumentar la probabilidad de desarrollar nevos de Spitz:
El diagnóstico del nevo de Spitz se basa en un examen clínico, que incluye una inspección visual y una evaluación dermatoscópica. La dermatoscopia permite examinar detalladamente el nevo para identificar los patrones específicos que caracterizan a los nevos de Spitz. Si existe preocupación por una posible malignidad, se puede realizar una biopsia para confirmar el diagnóstico y descartar otras afecciones, como el melanoma.
Los nevos de Spitz suelen presentarse como lesiones hemisféricas o ligeramente aplanadas que sobresalen de la superficie de la piel, con mayor frecuencia en forma simétrica (ovalada o redonda). En algunos casos, los nevos de Spitz grandes pueden tener una forma irregular. La superficie del nevo puede ser ligeramente diferente de la textura de la piel circundante, ya sea más lisa o finamente tuberosa, lo que le da un aspecto sutilmente elevado. Los bordes de los nevos de Spitz suelen ser claros y uniformes, aunque las lesiones más grandes pueden tener bordes irregulares. El color de un nevo de Spitz puede variar desde el rojo claro (color carne intenso) hasta el marrón oscuro, con una distribución uniforme de la pigmentación en toda la lesión. En algunos casos, puede haber una disminución gradual de la intensidad del color desde el centro hacia la periferia, o variaciones sutiles del mismo color en todo el nevo.
Este cambio gradual de color es más típico de las lesiones más grandes y es característico de las formas verrugosas de los nevos de Spitz.
Normalmente no hay crecimiento de vello en la zona del nevo de Spitz, lo que constituye una característica clave para el diagnóstico diferencial de este tipo de lesión.
El tamaño de un nevo de Spitz típico oscila entre 3 mm y 8 mm de diámetro.
La altura sobre la superficie de la piel no suele superar los 5-7 mm. Los nevos más grandes son poco frecuentes, y cualquier aumento significativo del tamaño debe ser evaluado por un especialista.
A la palpación, los nevos de Spitz son ligeramente más densos que la piel circundante. Por lo general, no hay sensaciones subjetivas asociadas a estos nevos, pero en casos de larga duración se puede observar ocasionalmente un leve picor o sensibilidad.
Los nevos de Spitz se encuentran con mayor frecuencia en la cara, el cuello y las extremidades, y con menor frecuencia en el cuerpo. Su ubicación suele corresponder a las zonas de la piel más susceptibles a la exposición a los rayos UV.
La dermatoscopia de un nevo de Spitz revela las siguientes características:
Los nevos de Spitz deben diferenciarse de otras neoplasias pigmentadas, entre las que se incluyen:
Los nevos de Spitz son generalmente benignos y no conllevan un mayor riesgo de melanoma. En ausencia de factores externos como traumatismos, radiación ultravioleta o radiación ionizante, el riesgo de transformación maligna sigue siendo bajo y comparable al riesgo asociado a la piel sin cambios. Sin embargo, los signos de posible malignidad incluyen un cambio repentino en la apariencia del nevo, como un crecimiento rápido, cambios de color o la aparición de sensaciones subjetivas como dolor o sensibilidad.p>
El riesgo de melanoma en los nevos de Spitz es mínimo, especialmente en las lesiones congénitas, donde el riesgo suele ser inferior al 1 %. Sin embargo, es esencial un seguimiento cuidadoso, especialmente cuando se producen cambios en las características de la lesión.
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Si no hay influencias externas que hayan afectado al nevo de Spitz y no hay cambios en la apariencia ni sensaciones subjetivas, suele ser suficiente con la automonitorización. Esta debe incluir revisiones anuales o revisiones más frecuentes en zonas difíciles de ver con la ayuda de otras personas. Si se produce un daño mecánico en el nevo o si hay cambios notables, es necesario consultar a un dermatólogo o oncólogo.
El profesional sanitario determinará si es suficiente un seguimiento dinámico o si es necesario extirpar el nevo. Los nevos que están sujetos a traumatismos crónicos por la ropa, las joyas o las actividades profesionales deben considerarse para su extirpación a fin de evitar lesiones adicionales.
Para quienes se someten a observación dinámica, es útil fotografiar la lesión para controlar cualquier cambio a lo largo del tiempo. Los pacientes con múltiples nevos deben someterse a un examen dermatológico en primavera y otoño (antes y después de la temporada de exposición al sol). Mantener un mapa de las neoplasias cutáneas puede ayudar a controlar y seguir cualquier cambio.
El tratamiento de los nevos de Spitz es principalmente quirúrgico y suele consistir en la extirpación con un bisturí clásico o un bisturí de radiofrecuencia. Es necesario realizar un examen histológico del tejido extirpado para confirmar que la lesión es benigna.
No se recomiendan métodos destructivos como la eliminación con láser o la criodestrucción para los nevos de Spitz, ya que estos métodos pueden no permitir una evaluación histológica adecuada y existe el riesgo de pasar por alto una posible transformación maligna.
La prevención de los nevos de Spitz y su posible malignidad implica mantener un enfoque cuidadoso en el cuidado de la piel:
La supervisión regular de los nevos de Spitz, la consulta con un profesional sanitario si se observa algún cambio y la eliminación de las lesiones potencialmente peligrosas cuando sea necesario son fundamentales para mantener la salud de la piel y minimizar el riesgo de complicaciones.