Eritema centrífugo anular(CIE-10: L53) ⚠️

Eritema centrífugo en anillo (RCE)

El eritema centrífugo en anillo (RCE), también conocido como eritema anular, es una afección dermatológica caracterizada por erupciones cutáneas en forma de anillo, similares a la urticaria. Estas pápulas se expanden hacia afuera desde una zona central, formando un patrón circular distintivo.
El RCE se clasifica como una forma de eritema anular y suele aparecer en respuesta a un desencadenante alérgico o infeccioso, aunque en algunos casos no se identifica una causa específica.

Antecedentes históricos

El RCE fue descrito por primera vez en 1916 por el dermatólogo francés Ferdinand-Jean Darier, quien reconoció sus lesiones circulares características y sus rasgos clínicos distintivos.

Causas y patogénesis

La RCE se considera un tipo de eritema reactivo, una afección en la que la piel reacciona a desencadenantes externos. Aunque las causas precisas de la RCE no se conocen del todo, la afección suele estar asociada a infecciones, medicamentos, productos químicos o neoplasias malignas (síndrome paraneoplásico). En algunos casos, la afección se presenta sin ningún desencadenante identificable, en cuyo caso se denomina forma idiopática.

Desde el punto de vista histológico, el RCE suele presentar una intensa infiltración linfohistiocítica alrededor de los vasos dérmicos. La epidermis no se ve afectada, por lo que se trata de una afección principalmente dérmica.

Epidemiología

El RCE se considera una afección relativamente rara, con una incidencia anual de aproximadamente 1 caso por cada 100 000 personas.
Afecta por igual a ambos sexos y razas, y su aparición máxima se produce alrededor de los 40 años. También se ha documentado una forma autosómica dominante poco frecuente de RCE, conocida como eritema familiar en anillo, lo que indica un componente genético en algunos casos.

Fisiopatología

La RCE se clasifica como una reacción de hipersensibilidad de tipo IV. Se han identificado varios factores desencadenantes, entre los que se incluyen:

  • Medicamentos: Ciertos medicamentos, como los antibióticos o los AINE, pueden desencadenar la RCE.
  • Picaduras de insectos: Las picaduras de mosquitos, garrapatas u otros insectos pueden causar lesiones de RCE.
  • Infecciones: Las infecciones bacterianas, víricas y fúngicas, como el virus de Epstein-Barr, Mycoplasma hominis y otras, se han relacionado con la RCE.
  • Alimentos: Ciertos alimentos, como los quesos mohosos, se han relacionado con el desencadenamiento de brotes de RCE en personas susceptibles.
  • Neoplasias malignas: En la forma paraneoplásica de la RCE, las lesiones pueden indicar la presencia de una neoplasia maligna subyacente, en particular trastornos linfoproliferativos.

Las lesiones de RCE también pueden aparecer en respuesta a enfermedades autoinmunes, estrés, cambios hormonales y factores dietéticos como los quesos mohosos y los tomates.

Etiología

La RCE suele estar provocada por diversas infecciones, entre las que se incluyen:

  • Bacterianas: estreptococos del grupo A, Escherichia coli, Mycobacterium tuberculosis
  • Víricas: virus de Epstein-Barr, herpes simple, SARS-CoV-2 e influenza H1N1
  • Fúngicas: Candida albicans, dermatofitos como Trichophyton y Malassezia furfur
  • Parasitarias: Ascaris lumbricoides, Phthirus pubis

Se ha descubierto que algunos medicamentos, como la amitriptilina, la cloroquina y la azacitidina, desencadenan la RCE en algunas personas. Los síntomas de la RCE suelen desaparecer una vez que se suspende el medicamento causante.

Manifestaciones clínicas

Los pacientes con RCE suelen presentar pápulas eritematosas en forma de anillo que comienzan como pequeñas manchas rojas en el centro y se expanden hacia afuera. Estas lesiones suelen aparecer en los muslos, las espinillas y, ocasionalmente, en el tronco y la cara. Los cambios en la piel pueden ir acompañados de síntomas sistémicos, como fiebre y sudores nocturnos, especialmente en casos relacionados con tuberculosis o linfoma.

Por lo general, las lesiones comienzan como pápulas eritematosas que se agrandan hacia los bordes y se aclaran en el centro, formando un aspecto anular. Estas lesiones pueden superar los 10 cm de diámetro. En muchos casos, se observa descamación a lo largo del borde exterior y pueden aparecer vesículas o telangiectasias. Cuando las lesiones se resuelven, suelen dejar hiperpigmentación posinflamatoria, pero sin cicatrices.

Los pacientes pueden presentar erupciones asintomáticas o con picor, dependiendo del alérgeno o del desencadenante. Algunas lesiones pueden ser dolorosas, especialmente en casos que implican enfermedades sistémicas o infecciones.

Pronóstico

El RCE suele tener un pronóstico favorable, especialmente cuando se identifica y se trata rápidamente la causa subyacente. Sin embargo, el pronóstico puede empeorar en pacientes con afecciones sistémicas o malignas concurrentes. La duración de las lesiones puede variar, resolviéndose en algunas semanas, mientras que en otras pueden persistir durante varios años.

Clasificación

Según Ackerman, y más tarde Bressler y Jones, la RCE tiene dos formas clínicas:

  • Forma superficial: Este tipo se caracteriza por picor y descamación de la piel.
  • Forma profunda: Esta forma se caracteriza por la ausencia de picor y descamación, lo que dificulta su distinción de otras afecciones.

Diagnóstico

El diagnóstico de la RCE implica una revisión exhaustiva del historial médico, un examen físico y, si es necesario, pruebas de laboratorio. Si se sospecha de malignidad, los pacientes deben someterse a las pruebas oncológicas adecuadas.

Los métodos de diagnóstico incluyen:

  • Revisión del historial médico: El médico preguntará sobre los síntomas, las exposiciones recientes y las afecciones médicas subyacentes.
  • Exploración física: Se realizará una exploración visual y táctil exhaustiva de las lesiones.
  • Pruebas de laboratorio: Se pueden realizar pruebas específicas para identificar cualquier infección subyacente o afección autoinmune que contribuya a las lesiones.

Diagnóstico diferencial

El RCE debe distinguirse de otras afecciones dermatológicas que presentan síntomas similares, entre las que se incluyen:

  • Enfermedades autoinmunes (como el lupus o el síndrome de Sjögren)
  • Dermatosis infecciosas (como la tiña o el liquen plano)
  • Oncodermatosis (lesiones cutáneas relacionadas con el cáncer)
  • Pseudolinfomas y linfomas de la piel

También es importante diferenciar la RCE de otras afecciones similares, como:

  • Eritema gyratum repens
  • Eritema migratorio necolítico
  • Eritema marginado
  • Eritema migratorio
  • Eritema multiforme
  • Eritema papuloso centrífugo

Tratamiento

El tratamiento del RCE se centra en abordar la causa subyacente de la afección. Una vez identificado y tratado el desencadenante, las lesiones cutáneas suelen desaparecer por sí solas. En los casos idiopáticos o cuando la causa sigue sin estar clara, los tratamientos sintomáticos pueden incluir:

  • Corticosteroides tópicos: pueden reducir la inflamación y aliviar el picor asociado a las lesiones.
  • Antihistamínicos: Estos medicamentos ayudan a controlar las reacciones alérgicas y pueden aliviar el picor.
  • Inmunosupresores sistémicos: En determinados casos, como la RCE crónica, se pueden recetar inmunosupresores para controlar la inflamación.

Es esencial realizar un seguimiento a largo plazo, ya que pueden producirse recaídas tras la interrupción del tratamiento. Un dermatólogo debe guiar el tratamiento, especialmente en casos recurrentes o graves de ECR.

Prevención

Para prevenir los brotes de ECR, las personas deben evitar los desencadenantes conocidos y tomar medidas proactivas para mantener la salud de la piel:

  • Seguir una dieta hipoalergénica si se identifican alergias alimentarias.
  • Evitar los alérgenos conocidos, como ciertos medicamentos o desencadenantes ambientales como el polen y los productos químicos agresivos.
  • Llevar ropa holgada y transpirable para minimizar la irritación de la piel.
  • Limitar la exposición a temperaturas extremas y aplicar siempre protector solar en caso de exposición directa al sol.
  • Evite rascarse las zonas afectadas para prevenir el empeoramiento de los síntomas y las infecciones secundarias.
  • Mantenga una buena higiene del sueño y controle el estrés de forma eficaz para reforzar la función inmunitaria.
  • Realícese pruebas de alergia con regularidad para identificar y evitar nuevos desencadenantes.
  • Manténgase en estrecho contacto con su profesional sanitario para realizar un seguimiento continuo y ajustar los planes de tratamiento a tiempo.