La queratosis actínica (también conocida como queratosis solar) es un tumor cutáneo benigno que se presenta como una mancha rugosa e hiperémica con queratinización. Esta afección se observa con mayor frecuencia en personas mayores de 40 años, especialmente en zonas de la piel frecuentemente expuestas a la radiación ultravioleta (UV) solar.
La queratosis actínica se considera una afección precancerosa, ya que conlleva un riesgo significativo de transformarse en carcinoma escamoso de la piel. La incidencia de la queratosis actínica aumenta con la edad y se caracteriza por su multiplicidad, con la aparición de nuevas lesiones con el paso del tiempo. Tanto los hombres como las mujeres se ven afectados por igual por esta afección.
Aunque la causa exacta de la queratosis actínica no se conoce del todo, se sabe que hay varios factores que aumentan el riesgo de desarrollar esta afección. Estos factores son principalmente influencias ambientales y genéticas que hacen que la piel sea más susceptible al daño y a la posterior formación de lesiones:
El diagnóstico de la queratosis actínica se basa en un examen clínico, que incluye una inspección visual de las lesiones y un análisis dermatoscópico para evaluar las características de las lesiones cutáneas. Si se sospecha que la lesión puede ser maligna o atípica, se puede realizar una biopsia para una evaluación más detallada.
En la exploración visual, la queratosis actínica se presenta como lesiones únicas o múltiples, planas o elevadas, con una superficie rugosa y seca. Estas manchas suelen estar cubiertas de costras y pueden mostrar signos de erosión o hematomas. Las lesiones suelen ser asimétricas, con bordes irregulares y mal definidos. El color de las lesiones varía, desde el color de la piel hasta el gris, marrón grisáceo o rosado. En algunos casos, las lesiones pueden presentar enrojecimiento alrededor de la lesión, lo cual es una característica común.
El tamaño de la queratosis actínica puede variar entre 5 mm y 20 mm, y las lesiones agrupadas pueden cubrir un área de 3-4 cm o más. La altura de las lesiones sobre la superficie de la piel no suele superar los 5-7 mm. Estas lesiones no suelen afectar al crecimiento del vello y, en algunos casos, pueden causar picor o molestias, aunque las sensaciones subjetivas suelen ser mínimas.
La queratosis actínica afecta con mayor frecuencia a las zonas de la piel expuestas al sol, como la cara, las orejas, el cuero cabelludo, el cuello, las extremidades superiores (especialmente la cintura escapular y las muñecas) y el pecho. Las lesiones son menos frecuentes en las palmas de las manos y las plantas de los pies.
La dermatoscopia de la queratosis actínica revela varias características que pueden ayudar en el diagnóstico:
La queratosis actínica debe diferenciarse de otras lesiones y afecciones cutáneas, entre las que se incluyen:
La queratosis actínica se considera una afección precancerosa, con un riesgo significativo de malignidad. Se estima que el riesgo de transformación en carcinoma escamoso (SCC) es de alrededor del 1-10 %. En casos de malignidad, la queratosis actínica puede progresar a carcinoma escamoso, pasando a veces por una etapa intermedia conocida como enfermedad de Bowen.
Debido al efecto acumulativo de la radiación UV, las lesiones de queratosis actínica pueden aumentar en número y tamaño con el tiempo, lo que aumenta aún más el riesgo de transformación maligna.
Si no hay factores externos que provoquen cambios en el aspecto de las lesiones o nuevos síntomas como dolor o hinchazón, suele ser suficiente con la autoevaluación. Esta debe incluir controles periódicos, al menos una vez al año, especialmente de las lesiones situadas en zonas difíciles de ver. Si la lesión sufre alguna lesión mecánica, se expone a la radiación UV o se observa algún cambio, es necesario consultar a un dermatólogo o oncólogo.
Un profesional sanitario determinará si es necesario realizar un seguimiento adicional o extirpar las lesiones. Los nevos que están sujetos a traumatismos crónicos, como los causados por la ropa, las joyas o las actividades laborales, deben extirparse para evitar una mayor irritación. También se recomienda documentar cualquier cambio mediante fotografías para su observación dinámica.
Los pacientes con queratosis actínicas múltiples deben ser evaluados por un dermatólogo u oncólogo en primavera y otoño (antes y después de los periodos de exposición al sol).
Crear un mapa de las neoplasias cutáneas puede ayudar a controlar e identificar cualquier lesión nueva o alterada.
El tratamiento de la queratosis actínica es necesario debido al riesgo de transformación maligna. Si se puede identificar y tratar la causa subyacente, los síntomas suelen desaparecer por sí solos. En casos idiopáticos o cuando la causa no está clara, los tratamientos sintomáticos pueden incluir:
También se pueden utilizar medicamentos tópicos para el tratamiento, entre los que se incluyen:
Es importante que estos tratamientos se administren bajo la supervisión de un profesional sanitario, ya que pueden producirse efectos secundarios y recaídas.
La prevención de la queratosis actínica y su potencial malignidad implica un control cuidadoso de la exposición al sol y la salud de la piel:
Revisar regularmente la piel en busca de queratosis actínica, consultar a un profesional sanitario si se producen cambios y eliminar las lesiones potencialmente peligrosas es esencial para mantener la salud de la piel y prevenir complicaciones.