El nevo displásico (también conocido como nevo atípico, nevo melanoma peligroso o nevo de Clark) es una neoplasia pigmentada benigna de la piel que conlleva un alto riesgo de transformación en un tumor maligno, en particular melanoma.
Los nevos displásicos pueden aparecer a cualquier edad, aunque la probabilidad aumenta con la edad. Estas lesiones suelen ser múltiples, lo que es especialmente común en personas con nevos congénitos múltiples y después de una exposición excesiva a la luz solar o ultravioleta (UV) artificial. Los nevos displásicos se producen con la misma frecuencia en hombres y mujeres.
La causa exacta de los nevos displásicos no se conoce del todo. Sin embargo, se han identificado varios factores predisponentes que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar estas neoplasias cutáneas. Estos factores pueden hacer que la piel sea más susceptible a la formación de nevos displásicos:
El diagnóstico de los nevos displásicos se basa en el examen clínico, que incluye una inspección visual de la lesión y una dermatoscopia para evaluar su estructura y características. Si se sospecha un crecimiento maligno o si la lesión presenta características atípicas, se puede realizar una biopsia para confirmar el diagnóstico y descartar un melanoma.
A la inspección visual, los nevos displásicos se presentan como una mancha o un nódulo ligeramente elevado. La lesión puede ser simétrica (ovalada, redonda o alargada) o de forma irregular. La superficie del nevo puede ser similar a la textura de la piel normal, lisa o ligeramente tuberosa. En algunos casos, el nevo puede tener una textura rugosa o presentar descamación.
Los bordes de los nevos displásicos suelen ser irregulares, con bordes desiguales que pueden considerarse un signo desfavorable. El color del nevo puede variar mucho, desde marrón claro hasta marrón oscuro, y también puede incluir tonos rojos, rosados e incluso azules. La distribución del pigmento suele ser heterogénea, con una disminución gradual de la intensidad del color desde el centro hacia la periferia, o diferentes tonos del mismo color en toda la lesión. En algunos casos, el nevo puede presentar colores policromáticos, lo que significa que puede contener varios colores o sus variaciones.
Por lo general, no hay crecimiento de vello en la zona de los nevos displásicos, pero en ocasiones se puede observar un crecimiento escaso en la periferia de la lesión.
El tamaño de un nevo displásico suele oscilar entre 10 y 15 mm de diámetro, aunque pueden aparecer lesiones más grandes. El crecimiento rápido del nevo es una señal de alerta y puede ser un signo de posible transformación en melanoma.
A la palpación, los nevos displásicos se sienten ligeramente más densos que la piel normal y, por lo general, no producen sensaciones subjetivas, a menos que la lesión haya sufrido un traumatismo o haya estado expuesta a la luz ultravioleta, en cuyo caso puede producirse un picor leve.
Los nevos displásicos pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, sin una localización específica, aunque suelen encontrarse en zonas de la piel expuestas al sol.
El examen dermatoscópico de los nevos displásicos suele revelar las siguientes características:
Es importante diferenciar los nevos displásicos de otras lesiones cutáneas pigmentadas, entre las que se incluyen:
Los nevos displásicos conllevan un alto riesgo de transformación en melanoma, especialmente cuando se someten a una exposición prolongada a la radiación ultravioleta o a traumatismos crónicos. El riesgo de degeneración maligna oscila entre el 1 % y el 10 %. Los nevos displásicos pueden transformarse en ocasiones directamente en carcinoma de células escamosas, y el proceso suele progresar a través de una fase conocida como enfermedad de Bowen (un precursor del cáncer de piel).
Es fundamental vigilar de cerca los nevos displásicos, ya que los pacientes con múltiples nevos pueden tener un mayor riesgo de desarrollar otras lesiones cutáneas malignas, ya sea en la piel no alterada o cerca del nevo existente. Esto complica la detección precoz del cáncer de piel y el diagnóstico diferencial del melanoma.
Los nevos displásicos suelen ser difíciles de diferenciar visualmente del melanoma in situ (la etapa más temprana del melanoma). Por ello, estas lesiones suelen extirparse para su examen histológico y confirmar su naturaleza benigna. La observación dinámica puede ser adecuada para las lesiones que no muestran signos de actividad a lo largo del tiempo, pero solo debe realizarse bajo la supervisión de un oncólogo.
El especialista determinará si es necesario continuar con la vigilancia o la extirpación en función de las características del nevo.
Los pacientes con múltiples nevos displásicos deben someterse a evaluaciones dermatológicas periódicas, idealmente antes y después de los meses de verano (para evaluar el impacto de la exposición al sol). Llevar un mapa de las neoplasias cutáneas puede simplificar la vigilancia y ayudar a identificar lesiones nuevas o alteradas.
El tratamiento de los nevos displásicos suele consistir en la extirpación quirúrgica con un bisturí clásico o un bisturí de radiofrecuencia. Tras la extirpación, el tejido extirpado se examina histológicamente para confirmar que la lesión es benigna.
No se recomiendan los métodos destructivos, como la eliminación con láser o la criodestrucción, para los nevos displásicos, ya que no permiten una evaluación histológica adecuada y pueden dificultar la detección de malignidad.
Para prevenir la aparición de nevos displásicos y minimizar su riesgo de malignidad, es necesario prestar especial atención al cuidado de la piel y a la protección solar:
Las revisiones cutáneas periódicas, la consulta oportuna con profesionales sanitarios si se produce algún cambio y la extirpación de lesiones potencialmente peligrosas son fundamentales para mantener la salud de la piel y prevenir complicaciones.