El nevo papilomatoso, también conocido como nevo benigno, nevo pigmentado o lunar, es una protuberancia benigna que suele sobresalir de la superficie de la piel. Este tipo de nevo es generalmente adquirido y su aparición tiende a aumentar con la edad, alcanzando su punto máximo entre los 15 y los 30 años. Los nevos papilomatosos se caracterizan a menudo por su multiplicidad, y el número de estas lesiones tiende a aumentar con el tiempo. En cuanto al sexo, los nevos papilomatosos son algo más frecuentes en mujeres que en hombres, con una proporción de 3:2, respectivamente.
La causa exacta de los nevos papilomatosos sigue sin estar clara. Sin embargo, se han identificado varios factores predisponentes que pueden aumentar el riesgo de desarrollar estas neoplasias cutáneas. Estos factores pueden influir en la aparición y el crecimiento de los nevos papilomatosos:
El diagnóstico de los nevos papilomatosos se basa principalmente en un examen clínico, que incluye la inspección visual de las lesiones y la dermatoscopia para evaluar la estructura de los crecimientos. Si se sospecha un crecimiento maligno, se puede realizar una biopsia para obtener un diagnóstico definitivo y descartar otras afecciones cutáneas.
A la vista, un nevo papilomatoso suele presentarse como un crecimiento hemisférico o ligeramente elevado que sobresale de la piel sobre un tallo corto y ancho (pedículo). La forma de la lesión suele ser simétrica (ovalada o redonda), aunque los nevos grandes pueden tener formas irregulares. La superficie del nevo puede variar: los nevos papilomatosos más pequeños presentan una textura lisa similar a la piel normal, mientras que los nevos más grandes pueden parecer ligeramente tuberosos o incluso rugosos. Los nevos papilomatosos más grandes (más de 8 mm) pueden tener una superficie rugosa y verrugosa, característica de los nevos verrugosos.
Los bordes de los nevos papilomatosos suelen ser claros y uniformes, aunque los nevos más grandes pueden presentar bordes irregulares. El color del nevo puede variar desde el color de la piel hasta el marrón claro y el marrón oscuro, y la distribución del pigmento suele ser uniforme. En ocasiones, se observa una disminución gradual de la intensidad del color desde el centro hacia la periferia o ligeras variaciones de tono dentro de la misma lesión (lo cual es típico de los nevos verrugosos).
El crecimiento del vello en la zona de un nevo papilomatoso no suele verse afectado. En algunos casos, puede aparecer vello grueso y áspero en el centro, especialmente en los papilomas congénitos, o vello fino en las zonas de nevos papilomatosos hipopigmentados.
El tamaño de los nevos papilomatosos puede variar mucho, y la mayoría de las lesiones miden hasta 15 mm de diámetro. Los nevos de más de 15 mm son poco frecuentes. La altura de estos nevos por encima del nivel de la piel suele ser inferior a 10 mm. Los nevos papilomatosos grandes que se asemejan a la coliflor son bastante raros.
A la palpación, los nevos papilomatosos tienen una consistencia similar a la de la piel normal, aunque las lesiones más grandes pueden sentirse ligeramente más blandas. Por lo general, no hay síntomas subjetivos asociados con los nevos papilomatosos, aunque ocasionalmente puede producirse un picor leve en las formas de larga duración.
Estas neoplasias se localizan con mayor frecuencia en la cara, el cuero cabelludo, el cuello y el tronco (incluido el pecho y la espalda), aunque en ocasiones pueden aparecer en otras zonas del cuerpo.
Al examinar un nevo papilomatoso con dermatoscopia, se observan típicamente las siguientes características:
Es importante diferenciar los nevos papilomatosos de otras lesiones cutáneas pigmentadas o nodulares, como:
Los nevos papilomatosos son benignos y no conllevan un mayor riesgo de melanoma u otras neoplasias malignas. En ausencia de influencias externas como traumatismos, radiación ultravioleta o radiación ionizante, el riesgo de degeneración maligna es bajo y comparable al riesgo asociado a la piel normal. Sin embargo, los signos de posible malignidad incluyen un cambio en el aspecto del nevo (como un crecimiento rápido o una forma irregular), un aumento de su densidad y la aparición de sensaciones subjetivas como dolor o picor.
El principal riesgo asociado a los nevos papilomatosos es su tendencia a lesionarse fácilmente debido a su forma alargada y su tallo estrecho. Cuando esto ocurre, la lesión puede sangrar, doler y crear una abertura para microorganismos patógenos, lo que puede provocar una infección. Los papilomas también pueden causar malestar psicológico, especialmente cuando se localizan en zonas visibles.
Dado que los nevos papilomatosos suelen ser de origen viral y son típicamente múltiples, la presencia de estas lesiones sugiere una disminución de la defensa inmunitaria contra el virus del papiloma humano (VPH). Aunque el VPH tiene un riesgo oncogénico relativamente bajo, es importante que las personas con papilomas múltiples se sometan a evaluaciones oncológicas rutinarias.
Si no hay signos de daño, cambios en la apariencia o síntomas en el nevo papilomatoso, suele ser suficiente con la autoevaluación. Esta debe incluir controles periódicos, al menos una vez al año, para detectar cualquier cambio. Si se produce un daño mecánico, si el nevo se expone a radiación ultravioleta o ionizante, o si se observa algún cambio, es necesario consultar a un dermatólogo o oncólogo.
El profesional sanitario determinará si es suficiente un seguimiento dinámico o si se recomienda la extirpación de la lesión. Los nevos que están sujetos a traumatismos constantes o crónicos, como los causados por la ropa, las joyas o las actividades profesionales, deben extirparse para evitar lesiones adicionales. Además, algunas personas pueden desear extirpar los nevos papilomatosos por razones estéticas o psicológicas.
Para la observación dinámica, es útil tomar fotografías de los nevos papilomatosos para controlar cualquier cambio a lo largo del tiempo. Los pacientes con múltiples papilomas deben someterse a un examen dermatológico, idealmente en primavera y otoño (antes y después de la exposición al sol del verano). También se recomienda elaborar un mapa de las neoplasias cutáneas para facilitar el seguimiento y detectar lesiones nuevas o alteradas.
El tratamiento de los nevos papilomatosos depende de su tamaño, ubicación y de si causan molestias. Siempre que sea posible, se prefieren los métodos menos invasivos:
Si los métodos menos invasivos no son adecuados, o si existe alguna duda sobre la naturaleza del nevo, el siguiente paso es la extirpación quirúrgica con examen histológico.
Se desaconseja encarecidamente la autoextirpación de los nevos papilomatosos debido al riesgo de complicaciones, como sangrado, infección y diagnóstico erróneo de la naturaleza de la lesión. Si se extirpa un papiloma quirúrgicamente, es necesario un seguimiento cuidadoso para garantizar que la zona cicatriza correctamente y para detectar cualquier recurrencia.
La prevención de los nevos papilomatosos consiste en el cuidado adecuado de la piel y el tratamiento de los factores de salud subyacentes:
Para mantener la salud de la piel, es esencial inspeccionar regularmente los nevos papilomatosos, consultar a un profesional sanitario si se produce algún cambio y eliminar las lesiones potencialmente peligrosas.