El nevo acral (también conocido como nevo benigno de las palmas y las plantas, nevo pigmentado de las palmas y las plantas) es un crecimiento benigno de la piel que suele aparecer en las palmas de las manos y las plantas de los pies. Este tipo de nevo puede ser adquirido o congénito, pero es raro que una misma persona tenga múltiples nevos acrales.
Los nevos acrales constituyen aproximadamente el 5 % de todos los nevos pigmentados.
La causa exacta de los nevos acrales no se conoce del todo, pero hay factores que pueden contribuir a su desarrollo o aumentar el riesgo de neoplasias:
El diagnóstico de los nevos acrales se realiza mediante un examen clínico, que incluye una exploración física rutinaria del nevo y una dermatoscopia. Si se sospecha malignidad, se puede realizar una biopsia.
Los nevos acrales se encuentran en la piel de las palmas de las manos y las plantas de los pies. A la vista, un nevo acral se presenta como una protuberancia pigmentada, normalmente simétrica (ovalada o redonda). Los bordes suelen ser irregulares debido al patrón natural de la piel de las palmas y las plantas. La textura del nevo es igual a la de la piel circundante o ligeramente rugosa.
El color de los nevos acrales varía de amarillo-marrón a marrón oscuro (casi negro), con el pigmento distribuido uniformemente. A veces, la intensidad del color disminuye gradualmente desde el centro hacia los bordes externos.
El tamaño de los nevos acrales no suele superar los 10 mm, y en la mayoría de los casos oscila entre 3 y 5 mm. A la palpación, la consistencia es similar a la de la piel normal y no se aprecian sensaciones subjetivas.
En la dermatoscopia, un nevo acral presenta las siguientes características:
Los nevos acrales deben diferenciarse de las siguientes lesiones pigmentadas:
Los nevos acrales son generalmente inofensivos y no aumentan el riesgo de melanoma. En ausencia de factores externos como traumatismos, luz ultravioleta o radiación ionizante, el riesgo de transformación maligna es bajo y similar al de la piel sin cambios. Sin embargo, los cambios en la apariencia o la aparición de molestias pueden indicar la posibilidad de malignidad.
Aunque los nevos acrales suelen ser benignos, su aspecto (pigmentación irregular, bordes irregulares y estructuras unidas) puede parecerse en ocasiones al del melanoma, en particular al del melanoma lentiginoso acral. Por lo tanto, los nevos acrales recién detectados deben vigilarse de cerca para evitar pasar por alto una forma temprana de melanoma.
Si no hay factores externos que afecten al nevo acral y no se observan cambios en su aspecto o en las sensaciones subjetivas, suele ser suficiente con un autocontrol periódico (o un control por parte de otras personas en las zonas de difícil acceso). Esto debe hacerse al menos una vez al año. Sin embargo, si el nevo sufre algún traumatismo, una exposición excesiva a los rayos UV o a la radiación ionizante, o si se produce algún cambio en su aspecto o molestias, se recomienda acudir a un dermatólogo o un oncólogo.
El especialista evaluará si es necesario un control continuo o si se debe extirpar el nevo. Los nevos que están constantemente irritados por la ropa, las joyas o la profesión también pueden necesitar ser extirpados.
La documentación fotográfica del nevo puede ser muy útil para futuras comparaciones, ya que permite detectar incluso los cambios más pequeños. Además, la creación de un mapa de neoplasias cutáneas puede simplificar el control continuo y la identificación de crecimientos nuevos o alterados.
El tratamiento de los nevos pigmentados acrales es puramente quirúrgico, utilizando métodos como la escisión clásica, la electrocirugía o la radiocirugía, seguidos de un examen histológico.
No se recomiendan los métodos destructivos, como la eliminación con láser o la criocirugía, para tratar los nevos acrales.
La prevención de la formación de nevos y su transformación maligna implica un cuidado suave de la piel:
Las revisiones periódicas de los nevos acrales, la consulta oportuna con un especialista cuando se producen cambios y la extirpación de los nevos potencialmente peligrosos son esenciales para mantener la salud de la piel.