El hemangioma, también conocido como angioma o nevus vascular, es una neoplasia cutánea benigna que se desarrolla debido a la acumulación y proliferación localizada de pequeños vasos sanguíneos, normalmente capilares. Estas lesiones suelen presentarse como formaciones planas o ligeramente elevadas, de color rojo brillante, que pueden variar en tamaño y forma.
Los hemangiomas pueden ser congénitos (presentes al nacer) o adquiridos (que aparecen a lo largo de la vida). La aparición de hemangiomas múltiples es especialmente frecuente en los hemangiomas pequeños adquiridos, aunque también existen formas múltiples congénitas (conocidas como hemangiomatosis). Los hemangiomas son igualmente frecuentes en hombres y mujeres, aunque las formas congénitas son más frecuentes en las mujeres.
La causa exacta de los hemangiomas sigue sin estar clara, pero se cree que hay varios factores que aumentan la probabilidad de su aparición. Estos factores predisponentes pueden influir en la formación de los hemangiomas y en sus patrones de crecimiento:
El diagnóstico de los hemangiomas se basa generalmente en un examen clínico exhaustivo, que incluye una inspección visual de la lesión y una evaluación dermatoscópica para evaluar su estructura. Si existe la sospecha de que el hemangioma puede ser maligno o si su crecimiento es anormal, se puede realizar una biopsia para obtener un diagnóstico definitivo.
En el caso de los hemangiomas congénitos, que a veces pueden ser profundos, cubrir grandes áreas o estar situados cerca de órganos vitales y estructuras vasculares, pueden ser necesarios procedimientos diagnósticos adicionales, como una ecografía. En algunos casos, estas lesiones forman parte de síndromes congénitos, como el síndrome de Sturge-Weber, y requieren una evaluación multidisciplinar por parte de varios especialistas.
Los hemangiomas pueden presentar diversas características visuales, dependiendo de su tipo (congénitos o adquiridos).
Hemangiomas congénitos: Estas lesiones pueden adoptar muchas formas diferentes, incluyendo masas ovales, asimétricas o grandes que ocupan múltiples regiones anatómicas. La superficie del hemangioma puede ser lisa, especialmente en las formas planas, o ligeramente rugosa, lo que es típico de los hemangiomas más prominentes que sobresalen de la piel. El color puede variar desde el rosa hasta el rojo brillante, frambuesa, carmesí o incluso tonos cianóticos. El color suele ser uniforme en toda la lesión, aunque a veces puede presentar un patrón manchado o variado. En general, los hemangiomas congénitos no afectan al crecimiento del cabello, aunque pueden aparecer algunos pelos gruesos o rizados en la zona central de la lesión.
El tamaño de los hemangiomas congénitos puede variar mucho, desde lesiones pequeñas de pocos milímetros de diámetro hasta otras grandes que ocupan varias regiones anatómicas (20-30 cm en algunos casos). A la palpación, estos hemangiomas suelen ser blandos y más delicados que la piel circundante. Al presionarlos, pueden perder brevemente su color y palidecer. No hay sensaciones asociadas como dolor o picor. Los hemangiomas congénitos se localizan con mayor frecuencia en la cabeza, la cara y el cuello, aunque también pueden aparecer en otras zonas.
Hemangiomas adquiridos: Estas lesiones suelen aparecer como pequeños nódulos hemisféricos (a veces sobre un tallo estrecho) simétricos que sobresalen ligeramente por encima de la piel. La superficie puede ser ligeramente diferente de la textura normal de la piel, a veces pareciendo lisa o incluso brillante. El color es generalmente rojo brillante, pero ocasionalmente se pueden observar otros tonos de rojo. Al igual que los hemangiomas congénitos, los hemangiomas adquiridos no afectan al crecimiento del cabello. El tamaño de los hemangiomas adquiridos suele ser pequeño, normalmente de hasta 5-7 mm de diámetro, aunque en ocasiones pueden formarse nódulos más grandes. Estos hemangiomas se encuentran con mayor frecuencia en el tronco o en las extremidades superiores, aunque también pueden desarrollarse en otras partes del cuerpo.
En la dermatoscopia, se observan típicamente las siguientes características en los hemangiomas:
Los hemangiomas deben diferenciarse de otras neoplasias o lesiones, entre las que se incluyen:
Los hemangiomas son generalmente seguros y no conllevan un riesgo significativo de transformación maligna. En ausencia de factores externos como traumatismos o exposición a los rayos UV, el riesgo de malignidad es comparable al de la piel normal. Sin embargo, los signos que sugieren una posible malignidad incluyen cambios en el aspecto del hemangioma o la aparición de nuevos síntomas como dolor o picazón.
Además del pequeño riesgo de transformación cancerosa, los hemangiomas, especialmente los de gran tamaño, pueden causar hemorragias importantes si se lesionan. Además, los hemangiomas grandes pueden ulcerarse e infectarse si están sometidos a traumatismos crónicos.
El tratamiento de los hemangiomas depende del tamaño, la ubicación y el tipo (congénito o adquirido). En el caso de los hemangiomas congénitos grandes, las decisiones sobre el tratamiento deben involucrar a un equipo de especialistas, que incluye pediatras, dermatólogos, oncólogos y cirujanos, entre otros. El momento de las intervenciones terapéuticas se determina caso por caso, teniendo en cuenta el impacto del hemangioma en las funciones vitales y la presencia de otros problemas de salud asociados.
En el caso de los hemangiomas adquiridos pequeños, si no se observan cambios en su aspecto ni síntomas subjetivos, no es necesario un tratamiento inmediato. Basta con un autocontrol y revisiones periódicas, especialmente en las zonas difíciles de ver. Si el hemangioma sufre alguna lesión mecánica, cambia de aspecto o aparecen nuevos síntomas, se recomienda consultar a un dermatólogo o oncólogo.
Para un seguimiento dinámico, es útil tomar fotografías del hemangioma para registrar cualquier cambio a lo largo del tiempo. Los pacientes con múltiples neoplasias cutáneas deben ser evaluados por un dermatólogo u oncólogo, idealmente antes y después de los meses de verano (cuando la exposición al sol es más frecuente). Un mapa de neoplasias cutáneas puede ser útil para el seguimiento continuo y la identificación de lesiones nuevas o alteradas.
El tratamiento de los hemangiomas suele incluir métodos menos invasivos:
Si no es posible realizar tratamientos menos invasivos o en casos de afecciones que ponen en peligro la vida (por ejemplo, hemorragias), puede ser necesaria la extirpación quirúrgica.
Dada la alta tasa de recurrencia de los hemangiomas, especialmente los congénitos, es posible que se necesiten múltiples tratamientos u operaciones a lo largo del tiempo.
Además de los tratamientos enumerados, en casos de hemangiomas congénitos se puede utilizar terapia farmacológica (por ejemplo, betabloqueantes, esteroides y medicamentos antitumorales).
La prevención de la aparición de hemangiomas implica una atención prenatal adecuada, que incluye minimizar el estrés, evitar las drogas nocivas durante el embarazo y tratar las infecciones con prontitud. Para prevenir nuevas lesiones o malignidad:
El examen periódico de los hemangiomas, la consulta inmediata con un especialista si se observa algún cambio y la extirpación de neoplasias potencialmente dañinas son esenciales para el cuidado de la salud de la piel.