El nevo simple (también conocido como nevo benigno, nevo pigmentado, lunar o marca de nacimiento) es un crecimiento benigno de la piel que aparece como una pequeña mancha o un nódulo ligeramente elevado. El nevo simple puede ser congénito (presente al nacer) o adquirido a cualquier edad.
Alrededor del 3 % de los recién nacidos tienen múltiples nevos simples, y la frecuencia aumenta con la edad. Los nevos simples son ligeramente más frecuentes en mujeres que en hombres, con una proporción de 3:2, respectivamente.
No existe una causa definitiva para la formación de nevos simples. Sin embargo, varios factores predisponentes pueden aumentar el riesgo de su aparición:
El diagnóstico de los nevos simples se basa en un examen clínico, que incluye una inspección visual rutinaria y una dermatoscopia. Si existe sospecha de crecimiento maligno, se puede realizar una biopsia para un examen más detallado.
Un nevo simple suele aparecer como una pequeña mancha o un nódulo ligeramente elevado. Por lo general, es simétrico (ovalado o redondo), aunque los nevos congénitos grandes pueden tener formas irregulares. La textura de la superficie del nevo es similar a la de la piel normal, pero a veces puede diferir ligeramente del patrón de la piel circundante.
Los bordes de los nevos benignos son bien definidos y lisos. Sin embargo, los nevos congénitos grandes pueden tener bordes irregulares. El color de un nevo simple varía de marrón claro a marrón oscuro, con una distribución uniforme de la pigmentación. En algunos casos, el color puede desvanecerse gradualmente desde el centro hacia los bordes externos. El color de los nevos congénitos puede cambiar durante los primeros años de vida.
Los nevos simples no suelen afectar al crecimiento del vello. Sin embargo, algunos nevos congénitos pueden presentar un aumento del crecimiento de vello grueso y oscuro, a menudo acompañado de una pigmentación notable.
Los nevos simples pueden variar mucho en tamaño, pero lo más habitual es que midan hasta 10 mm. Los nevos de más de 10 mm suelen ser congénitos y son poco frecuentes, aunque pueden llegar a alcanzar un tamaño de 20 cm o más (nevos congénitos gigantes).
Al palparlos, los nevos simples tienen el mismo tacto que la piel normal y no causan ninguna molestia.
Los nevos se encuentran principalmente en el tronco (~38 %) o en las extremidades (~48 %), y son menos frecuentes en la cabeza y el cuello (~14 %).
Los nevos acrales (en las palmas de las manos y las plantas de los pies) difieren ligeramente en forma, borde y distribución del pigmento debido al patrón característico de la piel de estas zonas («huellas dactilares»). Estos nevos suelen ser alargados, con bordes irregulares, pigmentación más oscura y distribución del pigmento en rayas paralelas.
En la dermatoscopia, un nevo simple presenta las siguientes características:
Los nevos acrales tienen características dermatoscópicas específicas:
Los nevos simples deben diferenciarse de otras lesiones pigmentadas, tales como:
Un nevo simple suele ser inofensivo y no supone un riesgo elevado de melanoma. En ausencia de factores externos como traumatismos, radiación ultravioleta o radiación ionizante, el riesgo de transformación maligna es comparable al de la piel normal. Los signos de malignidad pueden incluir cambios en el aspecto o nuevas sensaciones en el nevo.
Los nevos congénitos, especialmente los de gran tamaño (más de 20 cm de diámetro), presentan un riesgo ligeramente mayor de desarrollar melanoma, pero el riesgo para los nevos de menos de 20 cm es inferior al 1 %.
Los nevos congénitos grandes y múltiples pueden estar asociados a determinados síndromes genéticos o enfermedades, por lo que las personas con este tipo de nevos requieren una observación cuidadosa y una evaluación médica.
Si el nevo simple no presenta daños ni cambios en su aspecto o sensibilidad, basta con un autocontrol (o pedir a otras personas que revisen las zonas difíciles de ver) al menos una vez al año. Sin embargo, si el nevo sufre un traumatismo mecánico, una exposición excesiva a los rayos UV o a radiaciones ionizantes, o si aparecen cambios o nuevas sensaciones, es fundamental consultar a un dermatólogo o oncólogo.
El médico determinará si es necesario realizar un seguimiento dinámico o si se debe extirpar el nevo. También se deben extirpar los nevos sometidos a irritación constante por la ropa, las joyas o la profesión.
Para el seguimiento dinámico, es útil tomar fotografías de la neoplasia cutánea, lo que ayudará a detectar incluso los cambios más pequeños en la apariencia a lo largo del tiempo.
Los pacientes con nevos congénitos grandes o múltiples adquiridos deben ser examinados por un dermatólogo u oncólogo al menos dos veces al año (antes y después de los meses de verano). También se recomienda crear un mapa de neoplasias cutáneas, lo que puede simplificar enormemente el seguimiento y la identificación de lesiones nuevas o cambiantes.
Solo se recomienda la extirpación quirúrgica (con bisturí clásico, bisturí eléctrico o bisturí de radio), con examen histológico obligatorio del tejido extirpado.
No se recomiendan los métodos destructivos, como la eliminación con láser o la criodestrucción, para el tratamiento de los nevos pigmentados.
La prevención de la aparición de nevos y su transformación maligna pasa por un cuidado suave de la piel:
Examine regularmente los nevos pigmentados, consulte a un especialista si observa algún cambio y elimine los nevos potencialmente peligrosos cuando sea necesario.